Maravilloso ‘Viaje de invierno’ para una jornada estival

Programa: Hans Zender, ‘Viaje de invierno’ de Schubert, una interpretación compuesta para tenor y pequeña orquesta.Conjunto: Joven Orquesta Nacional de España.Director: José Luis Estellés. Solista: José Ferrero (tenor).Lugar: Patio de los Mármoles del Hospital Real. . Fecha:26 junio 2014. Aforo: Lleno.

El Festival de Música y Danza de Granada ha querido unirse a la celebración del 30 aniversario de la creación de la Joven Orquesta Nacional de España, una formación que año tras año inspira a las jóvenes promesas musicales de nuestro país y les proporciona la oportunidad de trabajar con grandes directores y de interpretar repertorios muy diversos. Con motivo de esta celebración, la JONDE ha estado presente en el Festival con dos conciertos sumamente interesantes.

El segundo de estos conciertos fue dirigido por José Luis Estellés, de sobra conocido en Granada por su labor como clarinete solista de la Orquesta Ciudad de Granada y por su intensa actividad interpretativa al frente de formaciones como el grupo Taima. En esta ocasión, José Luis Estellés retomaba la batuta para dirigir la JONDE con un programa nunca antes escuchado en nuestra ciudad: la particular visión para tenor y orquesta de cámara que el compositor alemán Hans Zender realizó del Viaje de invierno de Schubert en 1993.

Viaje de invierno es el segundo ciclo de lieder (canciones) escrito por Franz Schubert entre febrero y octubre de 1827. En sí, constituye un legado de la espiritualidad y musicalidad de Schubert, pues en él construye un viaje psicológico al alma del poeta Wilhelm Müller a partir de los sentimientos y experiencias del propio compositor. Sin embargo, aquellos que se acercasen al Hospital Real para escuchar en su forma original el ciclo de canciones de Schubert probablemente quedaron asombrados, si no decepcionados, con la relectura que Hans Zender hace de este ciclo.

El Viaje de invierno de Zender es una reinterpretación a partir de la obra original, en la que se conserva en esencia la estructura, la melodía y los textos, pero se modifica sustancialmente el acompañamiento, ahora a cargo de 24 músicos. La plantilla orquestal incluye cuerdas, viento-madera y viento-metal al completo (salvo tuba) y una rica sección de percusión; además, se introducen colores sugerentes como el arpa o poco frecuentes en la orquesta como la guitarra o el acordeón. Esta rica paleta tímbrica es puesta al servicio del sentido semántico de la obra, y así Zender evidencia su profundo conocimiento y respeto al ciclo de Schubert al incluir numerosos efectos y algunas alteraciones de la partitura original.

Por un lado, los instrumentos son concebidos como un grupo abierto, con múltiples intervenciones solistas e incluso desplazamientos por el espacio. Además, la orquestación no se realiza de forma tradicional, traduciendo simplemente la parte pianística de Schubert a la orquestal; por el contrario, a los múltiples efectos tímbricos se unen yuxtaposiciones y superposiciones, creando en numerosas ocasiones nuevas armonías que, sin pertenecer a la obra, se ponen al servicio de la misma. A ello hay que unirle varios fragmentos compuestos ex novo por Zender a modo de preludio, interludio o postludio, según el caso.

El éxito de la interpretación tuvo varios factores. El primero, y más evidente, es la gran calidad vocal del tenor José Ferrero, un intérprete con una voz privilegiada para la música de Schubert. Ferrero, con un timbre nítido y de enorme belleza, adaptó su interpretación a las demandas expresivas de la versión contemporánea, y fue capaz de transmutar el Viaje de invierno en un perfecto discurso extemporáneo muy creíble y fantásticamente interpretado.

Por su parte, los integrantes de la JONDE demostraron ser portadores de los mejores valores musicales de nuestro país. Cada uno desde su sección, estos 24 músicos se enfrentaron a una partitura difícil tanto en la parte solista de cada instrumento como en la necesaria conjunción temporal y deseado empaste al tocar en conjunto. Si bien debió de suponer un reto para ellos, lo superaron con creces gracias a su profesionalidad y eficacia, mostrando al público estar disfrutando de la interpretación.

Por último, es encomiable la labor del director en una obra tan compleja como ésta. José Luis Estellés, que en numerosas ocasiones se ha acercado a la música contemporánea, demostró tener una idea clara y precisa de la partitura de Zender, y supo traducirla con gran eficiencia desde su atril de director. Un profundo conocimiento de las sonoridades actuales y un dilatado oficio con la batuta son los avales de la maravillosa interpretación que Estellés nos regaló de este particular Viaje de invierno, dejándonos encantados a todos los asistentes en una cálida noche de verano.