ARTÍCULOS

“José Luis Estellés estuvo impecable”.

El Escorial | Soutullo Clarinet Concerto | Arturo Reverter, SCHERZO | Octubre 2011

Acerca de Dove of Peace – Homage to Picasso

Dove of Peace. Homage to Picasso. Chamber Concert Nr. 1 for Clarinet solo and Ensemble

-Carles Riera in memoriam-

“Una inmensa paloma blanca salpica con la cólera de su duelo la tierra”

Pablo Picasso (Paris, 31 de marzo 1952)

Conozco al compositor Benet Casablancas desde el año 1990. He interpretado diversas obras suyas, algunas de las cuales han sido estreno y y objeto de grabación discográfica. Al hilo del concierto monográfico que se celebra esta semana en l’Auditori de Barcelona he pensado que sería interesante publicar estos comentarios sobre la obra que interpretaré junto al Ensemble bcn216 y el director Francesc Prat. Me ilusiona la idea de que esta pieza esté dedicada a la memoria del excelente clarinetista, pedagogo y comunicador que fue Carles Riera, con el que tuve una amistosa relación durante bastantes años, así como volver a trabajar con bcn216, ensemble al que dirigí en los años 2008 y 2010.

“Dove of Peace. Homage to Picasso” fue escrita por Benet Casablancas (Sabadell, Barcelona, 1956-) durante los meses de septiembre 2009 a febrero 2010, respondiendo al encargo recibido de The Royal Liverpool Philharmonic Orchestra de una pieza concertante para clarinete y orquesta de cámara, para el solista de la RLPO Nicholas Cox y el Ensemble 10/10 que dirige Clark Rundell. Dicha propuesta, que Casablancas acogió con entusiasmo, nació a instancias del propio Cox, quien, a raíz de escuchar en directo por radio la UK Prémière de “Seven Scenes from Hamlet” desde el Barbican Hall, en interpretación de la BBC SO y Ray Fearon, dirigidos por Josep Pons, tuvo la idea de pedir una nueva pieza al compositor, en vistas a su estreno mundial en Liverpool. La coincidencia de la fecha del estreno con la celebración de una gran exposición Picasso en la Tate Liverpool llevó al autor a concebir su obra como un homenaje al admirado artista español y a la vertiente más comprometida de su legado, que tiene en la paloma de la paz uno de sus símbolos más universales. Los conflictos sociales, los límites más sombríos de la condición humana, la guerrra y la paz, son tratados por Picasso -como hicieran ya antes Goya y también Miró- con una elocuencia y desgarro poco comunes, que contrastan con la “joie de vivre” y la vertiente más lúdica que iluminan igualmente su portentosa y proteica personalidad creativa. El propio Picasso alude a ello en un bello texto:

“la lumbre del aceite de las farolas que de noche ilumina en el Madrid de la tarde de mayo los nobles rostros del pueblo fusilado por la extraña rapaz en el cuadro de Goya es la misma semilla horrenda plantada a manos llenas de proyectores en el pecho abierto de Grecia por gobiernos que exudan pavor y odio. Una inmensa paloma blanca salpica con la cólera de su duelo la tierra”

Pablo Picasso, Poemas en prosa (Barcelona: Plataforma Editorial, pág. 167: 2008)

Los claroscuros expresivos y marcados contrastes de tempi y carácter bañan asimismo la presente obra, manteniendo siempre -y como es habitual en el autor- un carácter eminentemente abstracto, exento de ànimo programático alguno. La parte solista apela a la maravillosa versatilidad del clarinete, cuyo timbre condiciona el de la propia instrumentación, preservando en todo momento – como apunta el subtítulo y pese a las exigencias virtuosísticas y amplitud sonora de ciertos pasajes- una dimensión genuinamente camerística. La obra obedece a una disposición general en cinco partes que se desarrollan sin solución de continuidad: 1. Introducción (Tranquillo e lontano – Con moto súb. – Calmando); 2. Con moto; 3. Lento; 4. Allegro; 5. Epilogo (Calmo assai. Estatico – Ampio e luminoso – Poco più mosso). El idílico clima pastoral del inicio pronto será truncado por los acentos oscuros del clarinete bajo y ráfagas agresivas en la orquesta, con su oblicua referencia a los desastres de la guerra, para evolucionar progresivamente hacia las secciones centrales de la obra, más luminosas y animadas, contrapesando el dramatismo de ciertos pasajes con la vivacidad scherzando y lirismo cantabile de otros, y cuyo desarrollo culminará en un poderoso clímax, sostenido por amplios y poderosos acordes de toda la orquesta. Le sigue el Epílogo, en un clima rarificado y extático, a modo de un “pasaje después de la batalla”, que poco a poco irá animándose: La vida, pese a todo, continúa, como perdura igualmente el sueño utópico. Será entonces cuando el oboe introduzca ecos de una tonada infantil (“in the mood of a children folksong”), retomada inmediatamente por el clarinete y cuya elaboración conducirá la pieza a su vibrante conclusión, a modo de catarsis, animada por el suave balanceo de sendas tríadas perfectas mayores de Do y Re en un clima suspensivo, que poco a poco irá desvaneciéndose hasta alcanzar el silencio.

Con la presente pieza, que Casablancas dedica al excelente solista Nicholas Cox, “con estima y admiración”, el autor incide de nuevo en una de sus pasiones, que deviene una constante a lo largo de toda su producción, como es el diálogo con otros lenguajes artísticos, la poesía y la literatura, y muy especialmente la pintura, cuyo eco podemos reconocer en piezas como “Alter Klang”, Impromptu for orchestra after Klee (2006) o “Four Darks in Red”, after Rothko, estrenada recientemente en New York (Composer Portrait at Miller Theatre, 2010). La obra de Shakespeare inspira asimismo “Seven Scenes from Hamlet” (1989), una de las obras más interpretadas del autor, o “The Dark Backward of Time” (after “The Tempest”, 2005), que ha sido dirigida en gira por España por el titular de la RLPO, el maestro Vasily Petrenko. La presente pieza es la primera incursion que tuvo el autor en el género concertante,

Acerca del nuevo CD ‘Naturaleza humana’, monográfico de Juan J. Colomer

JUAN J. COLOMER: MÚSICA ESPAÑOLA EN EL PACÍFICO

El compositor Juan J. Colomer (Alzira, 1966) nos ha dejado un auténtico legado con este conjunto de obras para instrumentos de metal solista con orquesta. Dentro de este particular género, y entre las escritas en esta primera mitad del siglo XXI, cada una de ellas está llamada a formar parte del escogido puñado de conciertos que cualquier amante de la música en el mundo podría tener como favoritos. Como ha venido sucediendo a lo largo de la historia con el devenir de toda la literatura instrumental, el contacto humano y profesional del compositor con los mejores intérpretes contemporáneos también contribuye a la creación y consolidación de este repertorio, así que una vez escritas y estrenadas las obras, existía el razonable y justo compromiso con la historia de nuestra música de reunir a todos los actores originales en pos de este registro discográfico.

Tratar de expresar con palabras aquello que representa una música tan elocuente como la de Juan J. Colomer es un reto similar al de entender, aún de manera somera, toda la pujanza que un artista con su experiencia vital puede manifestar a través de una obra cuando coexisten trabajo serio, genio inconformista y suficientes trayectos de ida y vuelta como para conocer bien el camino. Juan J. Colomer no rehúye a ninguno de los rincones del alma en su música, sobrevolándolos desde su especial perspectiva como veremos en estas tres obras cuyos originales y sugerentes títulos son meras cortinas que esconden un magnífico discurso instrumental. Pero hagamos antes un poco de historia…

Uno entiende, a la postre, que este proyecto de grabación quizá empezó a gestarse en los años ochenta del pasado siglo, cuando tanto el compositor como los intérpretes, entonces estudiantes, frecuentábamos dos instituciones que nos dieron un impulso común: el Conservatorio Superior de Música de Valencia y la recién creada Joven Orquesta Nacional de España. En mi caso, la amistad y el contacto profesional había continuado con los solistas de muy diversas formas a lo largo de estos años, pero en lo que se refiere a Juan J. Colomer tan solo había podido seguir su trayectoria en la distancia desde que se trasladara a Boston en 1990 y poco después, en 1992, se instalase en Los Ángeles.

Fue Luis González quien realmente me convenció y me confió la idea que debería plasmar este ‘regalo musical’ por parte de los intérpretes a los que Juan J. Colomer había dedicado sus conciertos. Desde un primer momento me cautivó la bonita misión de unir las piezas de este proyecto, que nos ha juntado tantos años más tarde, y que da a conocer en nuestro país e internacionalmente de manera conjunta tres de las obras más significativas de este magnífico compositor con brillante pasado como instrumentista. Los elementos estaban dispuestos: asumí la dirección musical con la garantía de conocer a todos los solistas, y lo hice de forma mucho más decidida una vez pude constatar el calibre de las partituras recibidas. La incorporación al proyecto de la Orquesta Ciudad de Granada no hizo sino añadir calidad y, en cierta forma, cerrar el círculo amistoso y emotivo por la relación y estima que todos los intérpretes hemos desarrollado con esta destacada institución musical desde que fuera creada en 1991.

Ha sido en el transcurso de la preparación de esta grabación cuando he tomado conciencia de la enorme trayectoria de Juan J. Colomer como compositor y orquestador: ha trabajado con artistas como James Levine, Plácido Domingo, Christian Lindberg, Vjekoslav Sutej, José Carreras y orquestas como la Wiener Symphoniker [Sinfónica de Viena], San Francisco Symphony [Sinfónica de San Francisco], Orchestre de Paris [Orquesta de París], Orquesta de Jóvenes Simón Bolívar, Orchestra e Coro della Arena di Verona [Orquesta y Coro de La Arena de Verona], Orquesta de Castilla y León, Orquesta y Coro de RTVE, Orquesta de la Comunitat Valenciana –Les Arts– y muchas otras desde Tokio hasta Chicago pasando por Suráfrica, Pekín, Washington, São Paulo, Las Vegas, Seúl, etc. Ha recibido encargos por parte del Congreso Internacional de Trompas, Orquesta Nacional de España, Centro para la Difusión de la Música Contemporánea [CDMC], Concurso Internacional Philip Jones –Guebwiller, Francia–, Instituto Valenciano de la Música, Fundación Autor, Auditori de Barcelona y Spanish Brass.

Si bien el contenido de este CD es música sinfónica pura, Juan J. Colomer ha consumado una labor de amplio espectro en la composición musical, desarrollándose también en el terreno de la música cinematográfica, la música alternativa y como arreglista-orquestador. Tras sus estudios en Berklee College of Music –Boston– empieza a componer música para documentales y se traslada a Los Ángeles donde continúa componiendo bandas sonoras para películas que obtienen diversos premios internacionales, incluido un primer premio en Montecarlo y una nominación a un Ariel en México –equivalente a los Goya en España–. En total tiene en su haber más de una treintena de películas. En 1999 Colomer publica un CD de pop-rock alternativo titulado Reina en prisión que, comercializado bajo el nombre “Bella y Oscura”, contiene temas compuestos y producidos por él. Algunos de estos temas han sido utilizados en diferentes películas independientes en Estados Unidos. En 2004 fue nominado a la mejor banda sonora en el Festival Shockerfest de California, por su trabajo en la película The Crimson Hour.

Además de esto ha trabajado como arreglista y orquestador para diversos proyectos y artistas como Juan Carlos Calderón, Bebu Silvetti, Alejandro Fernández, Alex Acuña, Neil Stevenhaus y Vinnie Colaiutta. De 2001 a 2003 es columnista de la revista Al borde, que se ocupa de la actualidad de la música alter- nativa y rock en español de Los Ángeles y, además, ha sido invitado como profesor de Música para películas en el prestigioso Art Center College of Design de Pasadena, California.

Cuando conversas con Juan J. Colomer resulta muy evidente su capacidad comunicativa y energía organizadora: prueba de ello es que es el fundador de Artistic Soirées, una serie de conciertos y colaboraciones artísticas donde, una vez al mes, el compositor abre las puertas de su loft en Los Ángeles para que el público pueda disfrutar de lo mejor de la escena cultural de la ciudad californiana. Asimismo es el creador, junto con el director Ignazio Terrasi, del La Grand Ensemble, del cual es su director general. Este conjunto está formado por músicos de las orquestas e instituciones más prestigiosas de Los Ángeles, y su propósito es el de interactuar con otras disciplinas como diseño de escenario, iluminación, vestuario, proyecciones de video y nuevas tecnologías, con el fin de involucrar al espectador visualmente, al tiempo que trata de situar la música en el contexto en el que fue escrita.

En el terreno puramente clásico ha recibido galardones como la nominación, en 2003 y 2004, de su pieza Raíces a los Premios Euterpe por la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana como Mejor Obra Sinfónica. En 2008 el CD Pasión española de Plácido Domingo, con orquestaciones de Colomer, obtuvo el Latin Grammy al Mejor Álbum Clásico y en 2013 se estrenó en Madrid su ballet Sorolla, encargado por el Ballet Nacional de España.

Juan J. Colomer ha demostrado tener la virtud, el oficio y capacidad de separar géneros cuando se dedica a la composición, y su producción tanto camerística como sinfónica ha tomado cuerpo en esta última década. Obviamente, también se observa en sus composiciones una gran influencia de su formación como instrumentista: aparte de su título de Composición también obtuvo el título superior de Trompeta y fue miembro fundador de la Joven Orquesta Nacional de España. Esta natural relación con los instrumentos de metal –y con los intérpretes– ha originado el nacimiento de las tres obras de este CD: Viñetas Sinfónicas, escrita en 2001 para Luis González, y Naturaleza humana y La devota lasciva, escritas en 2004 para Javier Bonet y Spanish Brass Luur Metalls respectivamente.

VIÑETAS SINFÓNICAS

Dicen que, en literatura o cine, la “opera prima” del artista suele recoger más apuntes autobiográficos que ninguna otra posterior. Si hubiera que establecer una comparación musical con esta afirmación podríamos decir que, dentro de este álbum, Viñetas Sinfónicas presenta rasgos suficientes como merecer esa consideración. En ella se cumple el principio de Colomer, mediante el cual una idea es tan solo un punto de partida, que a veces se diluye o incluso desaparece a medida que la obra va tomando forma y habla por sí misma.

Viñetas Sinfónicas fue encargada por el propio solista a quien está dedicada, el trompetista Luis González, quien la estrenó en 2003 en el Auditorio Nacional de Música junto a la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Esta composición emana una frescura que conmueve, uno no sabe bien si por el nada previsible desarrollo formal de su ‘neoclásico’ inicio, el natural virtuosismo y finura de la parte solista, el uso idiomático de las cuerdas –auténtico sostén del solista a lo largo de la obra– o las texturas y solos asignados a los vientos y a la percusión, en diálogo constante con todas las partes. Durante todo su primer movimiento –“moderato”– las notas del solista son siempre rendijas entre las que se cuela una delicada luminosidad. Una vigorosa mutación del tema inicial desemboca en una cadencia que mediante la lucha entre lo calmo y lo acentuado –podríamos decir “trompeta clásica” versus “trompeta jazz”– origina un tenso pasaje en el que los diversos bloques sonoros de la orquesta se contraponen hasta liberar el momento más lírico del solista. El efímero recuerdo del tema inicial en la lira precede a una fuga que nos conduce hasta el brillante final.

El segundo movimiento se desenvuelve inicialmente en una atmósfera de “blues”. Esta es una característica de Viñetas Sinfónicas, que siempre avanza echando miradas sobre los diferentes sonidos de la trompeta a través de la historia. Amplios pasajes, teñidos por un barniz entre evocador y enigmático cubren la mayor parte de este “andante”, que finaliza con el solista acompañando a la orquesta, como si adquiriera una mirada distante que invita al recogimiento.

En el tercer movimiento –“molto allegro”– todo sucede vertiginosamente: rítmicas explosiones melódicas en “cluster” de las cuerdas, discurso obsesivo en la trompeta, e hilarante y cariñoso desfile de guiños al repertorio de este instrumento que incluye desde pasajes reminiscentes del más fino L. Bernstein hasta motivos que rinden pleitesía al celebérrimo Concierto de J. N. Hummel. El título de la obra se entiende completamente cuando se ha finalizado la audición de la obra, un verdadero homenaje a la trompeta por parte de alguien que la entiende y la siente como propia.

NATURALEZA HUMANA

La obra Naturaleza Humana fue un encargo de la International Horn Society que contó con la ayuda del Instituto Valenciano de la Música. Está dedicada a Javier Bonet, que fue el protagonista de su estreno durante el Congreso Internacional que la mencionada sociedad celebró en Valencia en 2004. Está compuesta para trompa solista, coro de trompas y orquesta, pudiéndose ampliar el coro de trompas hasta ocho componentes.

El título, una vez más, parece encerrar cuantas sugerencias se encadenan a lo largo de la obra. Algo en cierta forma indescifrable va fluyendo durante los tres movimientos; quizá sea el propio talento del compositor para conciliar en esta partitura el extremo virtuosismo de la parte solista con una masa orquestal que combina secciones de generosa ternura con fricciones que parecen asolar la masa tectónica. El propio Javier Bonet me explicó que el legendario trompista Hermann Baumann, presente en aquel estreno, comentó tras el mismo que quizá fuera este el mejor concierto para trompa que se había compuesto en las últimas décadas.

El primer movimiento, “Febril”, se inicia con suaves pero intrigantes “cluster” del coro de trompas que interrumpen verticalmente una melodía de la trompa y de las cuerdas hasta que ésta consigue abrirse paso. Existe un tempo movido que podríamos considerar genérico, pero es la amplia y bellísima sección melódica central, que ocupa unos ochenta compases y usa el coro de trompas como base armónica para que la trompa solista se exprese en su medio, el verdadero corazón de este movimiento. Aquí podemos apreciar la hondura de la naturaleza humana, una búsqueda constante e inquebrantable para quizá avanzar en la desesperanza, quizá encontrar la luz y sobrevolarla.

En el segundo movimiento, titulado “Vacío”, Colomer nos lleva a través de la ambigüedad sonora que provoca la distorsión de la armonía mediante un uso continuado de los cuartos de tono, como si la posibilidad de belleza cohabitara o incluso residiera en cada registro de la existencia.

El tercer movimiento recibe el nombre de “Exorcismo” y es un constante conjuro en el que la trompa solista reta sin descanso a la orquesta en un verdadero alarde, no vacío por más virtuoso. Enmarcado –introducción y coda– por una fanfarria en la que los metales muestran el bronce más que en ningún otro momento, la música discurre principalmente mediante lo que podríamos denominar un “scherzo diabólico”.

LA DEVOTA LASCIVA

La devota lasciva es un concierto para quinteto de metales y orquesta escrito en 2004 y dedicado a Spanish Brass Luur Metalls, el grupo que más ha interactuado con Juan J. Colomer a lo largo de estos años, promoviendo también la composición de otras obras para la formación. Fue estrenada por SBLM en 2004 junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

A pesar de lo original del título, el compositor indica que este no corresponde a ninguna idea programática. La disposición de sus tres movimientos se asemeja a la estructura de un concierto clásico, incorporando una cadencia al final del primero y un movimiento lento central. Asimismo, la elección de algunos motivos y técnicas propias de los siglos XVII y XVIII se extrapolan y transforman gracias a la utilización de armonías alteradas y mutaciones rítmicas que sin duda ayudan a favorecer un medio de expresión para el quinteto de metales contemporáneo. De alguna forma, la pieza ignora la tonalidad a pesar de que la utiliza, disuelve su forma sin caer en lo abstracto.

En su primer movimiento, “Deambular”, tanto la orquesta como el quinteto solista funcionan como entidades propias que se interrelacionan, preguntan y contestan hasta que el quinteto queda a solas en una cadencia que parece improvisada.

“Descubrir” está escrito a modo de “passacaglia”. Es serio, profundo, con un bajo que puntúa obstinadamente a una carnosa melodía que busca y busca, un corazón con pulso robusto que finalizará como el fuelle de un acordeón un tanto desvencijado. Es el quinteto en su cenit coral.

“Destapar”, el tercer movimiento, se inicia como un “minueto” –con las ya aludidas alteraciones y mutaciones– que va gradualmente perdiendo su identidad a medida que se desarrolla. Esto actúa en favor de un mayor virtuosismo en el quinteto y en la orquesta, que finalmente unen todos los motivos en el “presto” final tras un emotivo y denso crescendo.

En definitiva, un conjunto de ideas musicales que configuran un valioso documento, en sintonía tanto con los valores históricos del repertorio para grupo de metales como con la difícilmente definible etiqueta estética contemporánea de la música de Juan J. Colomer. Su genuina humildad y originalidad artística provoca una gratitud incondicional a todos aquellos que hemos tenido el placer de conocerle e interpretar su música.

© JOSÉ LUIS ESTELLÉS 2014

A propósito del programa de cine clásico con la OCG

Walton, Bliss, Revueltas y Rosza. Cuatro grandes compositores de la música sinfónica de concierto de la primera mitad del siglo XX acercan su talento a la emoción latente en el primer cine clásico.

Este programa, cuyas obras quedan situadas entre 1935 y 1942, puede ser vivido como un relato tejido por diversos hilos conductores: las temáticas, los productores, los conseguidores de talentos, la amistad con algunos actores, la necesidad en tiempos de carestía… y sobre todo la capacidad musical y narrativa de estos cuatro compositores para aportar a las escenas un inigualable soporte musical, desde su propia personalidad y síntesis de las lógicas influencias del lenguaje de otros grandes compositores de la época.

William Walton accedió a escribir su primera banda sonora para la película Escape me never de Paul Czinner, en 1935.  Posteriormente escribió muchas otras, casi siempre relacionadas con Lawrence Olivier y con títulos de Shakespeare, o también con Muir Mathieson, especialista en reclutar a grandes músicos para las productoras de la época. Escape me never es un drama romántico que tuvo una nominación al Oscar.  En esta suite de concierto se puede apreciar un primer movimiento (Preludio e Idilio veneciano) de carácter muy romántico y dos partes diferenciadas: el tema principal y leit-motiv de la película junto a un vals lento que nos evoca a la ciudad de los canales. El segundo movimiento nos traslada a los Dolomitas con su ambientación alpina a través de los jodeln en los vientos y del sutil sonido de los cencerros sobre suaves arpegiados y trémolos en las cuerdas. La suite finaliza con el movimiento llamado Ballet en el que su enérgico y dramático tema con un ritmo combinado similar al huapango alterna con el motivo principal de la película.

El mismo papel histórico y regenerador en el apartado de bandas sonoras que en 1933 desempeñaron la película King Kong y Steiner en Hollywood, lo iba tener en Reino Unido y Europa Arthur Bliss y su Things to Come. El nexo común es el productor Alexander Korda, que en 1936 se embarcó en una superproducción con guión de H.G. Wells en la que se profetizaba sobre el futuro de nuestro mundo a lo largo de más de una centuria (la acción abarca hasta el año 2040).  Fue el ya mencionado Mathieson el que consiguió enrolar a Bliss, músico británico que gozaba ya de gran prestigio, en el proyecto. La música se adaptó al guión y fue incluso retocada durante el rodaje para que resultara parte absolutamente ensamblada con la imagen. El resultado se ha convertido en una partitura de referencia en aquellos años, que se combina admirablemente con los sonidos diegéticos (propios de la narración) y devuelve al compositor a una categoría, reconocida con la aparición de su nombre en los créditos iniciales. Conocidas películas de ciencia-ficción contemporáneas han empleado a menudo recursos que intuyó brillantemente Bliss. Centrándonos en la música de esta suite, en el número Ballet for Children presenta alegres melodías que acompañan escenas de niños jugando durante la navidad, puntuadas ocasionalmente por siniestros acordes que escenifican el contraste entre la vida cotidiana y los desastres que se avecinan. Trompetas y tambores de juguete no faltan en esta irónica visión de la paz. En Attack el enemigo ataca desde el aire sin previo aviso y toda la sociedad se moviliza a una. Siguiendo con el maridaje entre música y acción, en Pestilence el compositor describe magistralmente como las epidemias se apoderan de la humanidad tras la guerra, mientras Reconstruction inspira el nacimiento de una nueva esperanza. Machines narra cómo unas poderosas máquinas construyen el nuevo mundo y March cierra esta suite de concierto de una película profética en lo argumental y en lo musical.

Damos un salto desde la música cinematográfica anglosajona hasta la producción mexicana de Chano Orueta. Si bien ha sido dicho que la película no gozó de gran popularidad, la música del  vanguardista compositor Silvestre Revueltas sí ha tenido presencia en las temporadas de concierto de las orquestas sinfónicas, sobre todo no por sus obras más innovadoras sino por aquellas en las que muestra las danzas y rituales primitivos, entre las que destacamos Sensemayá (1937) y la música que compuso para el filme La noche de los mayas (1939). En esta ocasión no se interpreta la popular suite compilada y edulcorada por José Yves Limantour para gran orgánico orquestal, sino la versión atribuida a Paul Hindemith para orquesta de cámara, en la que se resumen los momentos más característicos de la partitura original, como el scherzo de la Noche de Jaranas.

The Jungle Book, posteriormente popularizada por Walt Disney, responde en sus inicios a la historia de Ruyard Kipling llevada al cine por Zoltan Korda (y producida por su hermano Alexander) en 1942. A primera vista es un relato de un extraviado en la selva y de los peligros que le acechan, pero en realidad puede verse como un conjunto de fábulas que usa cada uno de los personajes y animales  de manera antropomórfica con una educación moral como objetivo. En la presentación de todos estos personajes y en el apoyo de la acción es en lo que acierta el celebérrimo compositor de bandas sonoras Miklos Rosza, sin esconder sus raíces húngaras tan ligadas a Kodaly y Bartók, pero consiguiendo una caracterización paradigmática de cada elemento y un ambiente sonoro que nos sitúa irremediablemente en la selva de la India. Con esta banda sonora -y con muchas otras- fue candidato al Óscar a la mejor música de film dramático, que sí consiguió con sus trabajos Spellbound, Doble vida y Ben-Hur.

© JOSÉ LUIS ESTELLÉS 2014

Una tarde de Diciembre

Diciembre. Una tarde tranquila en casa, recopilando todas las partituras que tengo que dirigir en los próximos seis meses: los compositores William Walton, Arthur Bliss, Silvestre Revueltas, Miklós Rósza, Gustav Mahler, Javier Torres Maldonado, Igor Stravinsky, Harrison Birtwistle, Magnus Lindberg, Robert Schumann, Richard Strauss y Juan José Colomer me van a dar (ya me están dando) buena materia que estudiar y espero sacar tiempo próximamente para hablar un poco de ello. Hace unos días hice lo mismo con todo lo que tengo que tocar con el clarinete.

Como siempre, sé que aprenderé muchas cosas por el camino, que habrá muchas otras de las que quizás me dé cuenta más tarde, y muchas más que seguro no llegaré a conocer a tiempo. Pero la profesión de músico implica la aceptación de que las partituras, aunque parezcan cristales transparentes tras los que te puedes asomar a la música, son al mismo tiempo espejos en los que te vas viendo reflejado, varas de medir tu tiempo, tus afectos y tus dudas. Hay que aceptar el reto de entenderlas hasta donde puedas y de transmitirlas, junto a tus compañeros de viaje, con pasión, respeto y (si es posible) algo de inspiración.

Pensaba que, aunque trabajemos con la música para ganarnos la vida, muy pocas veces somos conscientes de ello mientras la estamos haciendo. La interpretación musical tiene esas cosas, sí. Se desarrolla en vivo, con la urgencia de lo inmediato e irrepetible. Da igual que estés con los micros delante, que estés intentando ayudar a alguien (o a muchos) en una clase, dirigiendo a un montón de colegas en una orquesta, tocando de pie un concierto, o sentado en la orquesta o con un grupo de música de cámara… Es directa y no hay mediación posible: la música comparte con el teatro ese extraño equilibrio entre la técnica, la tensión emocional y la unidad conceptual que se vuelca en el oyente o espectador en una misma coordenada de tiempo/espacio. Por eso me gusta tanto ir a ver buen teatro.

La Asociación de Amigos de la Orquesta Ciudad de Granada

Esta Temporada 2012-2013 la Asociación de Amigos de la Orquesta Ciudad de Granada ha cumplido dieciocho años de vida. Nació con una fuerte vocación cultural y continúa ejerciéndola.

El pasado Octubre colaboré en su ciclo de Encuentros ‘Músicos de cerca’ y me obsequiaron, aparte de con su atención y amabilidad, con un completo dossier que resume las actividades desarrolladas a lo largo de su andadura. Esta semana, con ocasión de mi interpretación del Concierto de Carl Nielsen con la OCG y Joseph Swensen, vuelvo a participar en una charla para introducir el programa.

Con el ánimo de acercar a la gente más lejana a Granada y a su Orquesta la labor de esta Asociación quería reproducir aquí su acta fundacional, pues me parece que con este precioso texto acertaron a recoger con responsabilidad y de forma consecuente el testigo de la historia musical de esta ciudad:

FUNDACIÓN DE LA ASOCIACIÓN AMIGOS DE LA ORQUESTA CIUDAD DE GRANADA

“Con el fin de fomentar la vocación cultural de nuestra ciudad, y en especial, apoyar la labor de la Orquesta Ciudad de Granada, nos reunimos en uno de los lugares donde se desgranaron las venas de la inspiración y fructificaron en los oídos de los músicos que provenientes de otras latitudes, encontraron en las colinas de Granada los surcos propicios a sus partituras. En la Puerta del Vino, Claude Debussy encontró la nota exacta y flamante que le ofreció la ciudad. Y con él Bretón, Turina y Albéniz, y tantos otros que sin necesidad de visitar la ciudad, tan siquiera, pudieron descubrir el sonido profundo que discurre al fondo de Granada, como un contínuo goteo de sangre y agua que recorre sus venas. Pero si alguien supo abrir esas venas, desgranar todo el secreto y llevarlo siempre consigo, fue Manuel de Falla, que mezcló aquel agua salada que trajo con el agua dulce que le fue ofrecida en la misma colina de al-Hamra. Por todos ellos, por todas las fuentes que la Música dejó en Granada, nos proponemos con esta asociación contribuir de alguna manera al mejor conocimiento de la obra musical, acercar la Orquesta a la ciudad y los ciudadanos a la Orquesta, tender el fino acueducto por donde resbala la sangre de un cuerpo a otro, que esperamos sean ya indisolubles: la ciudad y su orquesta”.

 
Más información de sus actividades en el blog

Una mirada poética a la vida a través de la música y de la amistad: Steven Nightingale

Hoy escribo en el blog para hacer referencia a un poeta, Steven Nightingale. Y lo voy a hacer presentando un poema que publicó en su libro de sonetos The Light in Them is Permanent (Black Rock Press, 2010) y que me regaló con su dedicatoria.
Desde que Steve comenzase a residir con su familia en el Albayzin granadino e incluso hoy, años después de su retorno a los Estados Unidos he podido disfrutar de su amistad, de su visión inteligente, sensible y generosa de las diferentes formas de la vida y el arte. También comparto con él los motivos que nos conducen a amar el lugar en donde vivimos y a apreciar los valores intangibles de lo cotidiano.

Espero que os guste y que os anime a conocer un poco más de su obra.

for José Luis

You played the clarinet, as our children danced
By candlelight. In them, all an infinite chance

And danger of life, gathered into their steps
As light into a galaxy: among whirling stars
We knew that just then, somewhere, a caress

Undid decades of pain, wounds were healed,
Food delivered, peace dreamed up, prayers
Arced like rainbows, each heart was unsealed
With starlight; and across a meadow, mares

And foals galloped in springtime to a river
Rambunctious with beauty. This night is ours –
Your gift, the gift of our children. The answer

To history is their dancing: nothing can destroy
Their beauty, their loving, their joy, joy. Joy.

Tras el Programa Extraordinario de Primavera con la OEX

Unos días después de mis conciertos con la Orquesta de Extremadura en Mérida y Plasencia quería, en primer lugar, agradecer de corazón todos los comentarios que me han llegado posteriormente por parte del público asistente y, en segundo lugar, quería dejar aquí escrito otro agradecimiento anticipado: a los representantes políticos, para animarles encarecidamente  con ello a que sigan cuidando de una institución cultural como es la OEX.

Una Orquesta Sinfónica es lo más alejado a un lujo. Posiblemente no exista un mejor instrumento para concitar a través de la expresión artística una sensación e instinto de comunidad, para ayudar al desarrollo de una sociedad saludable, alimentada espiritual y físicamente por el arte de los sonidos. Sobran ejemplos de orquestas que ya han vivido entre uno y tres siglos ininterrumpidamente, constituyéndose en elementos referentes de la cultura e idiosincrasia de sus países. Una Orquesta Sinfónica siempre puede devolver a la sociedad y en especial a la formación en valores de la juventud mucho más de lo que reciba.

Por todo lo vivido esta semana pasada en Extremadura, la OEX está latente entre los numerosos aficionados, indudablemente porque también lo está para sus músicos y empleados, que trabajan con pasión y profesionalidad. Esta orquesta, con su actitud, está contribuyendo considerablemente a que la ciudadanía tome conciencia del poder transformador de la cultura, particularmente durante estos tiempos turbulentos.

Pero lo que es considerable ya de por sí es la propia existencia de una institución como la OEX y esto tendría que estar por encima de cualquier discusión coyuntural. Cada persona implicada en su pervivencia debe hacer lo éticamente debido y aportar lo posible para llenarla de contenido y estar a la altura de lo que significa una Orquesta Sinfónica para una región.

Gracias, una vez más, por vuestra música y os deseo una primavera rica en buenas noticias y planes de futuro.

Cordialmente,

José Luis Estellés

El ‘Concierto para clarinete y banda militar en si bemol’ (Concertstück 1877) de Nikolay Rimsky-Korsakov

El ‘Concierto para clarinete y banda militar en si bemol’ (Concertstück 1877) de Nikolay Rimsky-Korsakov. Una edición que recupera la idea original de la obra.

 

El próximo 4 de marzo de 2012 (Palacio Euskalduna) interpretaré por primera vez esta obra, en el Festival Musika-Música de Bilbao. La pieza de concierto para clarinete y banda militar no es una obra tan habitual en los programas con clarinete solista y, a pesar de tener a tan famoso compositor por autor, no existe material original para su interpretación, sino que siempre se utilizan las versiones posteriores existentes, adaptadas para el formato habitual de Banda en la actualidad. Esto quiere decir, como dato más notorio, que se añade la sección de saxofones, modificándose así el sonido concebido por Rimsky-Korsakov. Hay que hacer notar que aunque el saxofón había sido inventado en la década de 1840, 30 años más tarde solamente se aprovechaba plenamente como sección en las bandas militares belgas y francesas.

Al recibir la propuesta para tocar este Concierto, me pareció indicado trabajar sobre la partitura, intentando ver hasta qué punto era realizable una nueva edición que se mantuviese más próxima al sonido original.

Antes, un poco de historia: la obra forma parte de lo que podríamos considerar como un tríptico de conciertos que Rimsky Korsakov escribió entre 1877 y 1878 para la Banda de Música de la Armada Rusa, junto al de trombón y las variaciones para oboe. Rimsky Korsakov se inició en la composición durante su época de marinero. Todavía siendo teniente de navío fue contratado como profesor en San Petersburgo ­—a pesar de no poseer una educación musical formal—, lo cual le obligaba a “enseñarse a sí mismo en secreto para poder enseñar a los demás”. Fue nombrado inspector de Bandas de Marina en 1873 y las tres composiciones fueron creadas durante este período, no se sabe con certeza si como parte de su “auto-enseñanza” o como fruto de sus obligaciones como inspector naval. No hay evidencia de que el propio compositor dirigiese el estreno del Concerstück para clarinete, pero resultaría probable, al haberse encontrado documentación sobre su participación como director en el estreno del concierto para trombón.

La instrumentación original, tal como aparece en la primera edición de la obra recogida por Yevgeny Makarov en el volumen 25 de la colección de obras completas (Moscú: Muzgiz, 1950. Placa M. 21113 Г) incluye los siguientes instrumentos:

[Flauto piccolo] [Flauti] [Oboi] [Fagotti] [Clarinetto solo in B] [Clarinetto in Es] [Clarinetti I (B)] [Clarinetti II (B)] [Clarinetti III (B)] [Bassetti I, II (F, B)] [Cornetti I, II (B)] [Trombe I, II (Es)] [Corno basso] [Corni I, II, III, IV in Es (I muta in fa)] [Tromboni I, II, III] [Bassi I, II] [Tamburo] [Piatti] [Gran cassa]

La mayoría de las partes instrumentales no requieren comentario alguno, permaneciendo inalteradas. Nos centramos en el resto:

[Clarinetto solo] Nótese que en las dos cadencias para el solista que anteceden y suceden al Andante central aparecen escritas ad lib. Esto da pie a poder desarrollarlas libremente.

[Clarinetti I, II, III (B)] Aparece en numerosas ocasiones el término solo, o soli div., o a 2 div., por lo que cabe pensar que se trata de una sección de clarinetes numerosa, no únicamente un instrumentista por voz.

[Bassetti I, II (F, B)] El lugar de la partitura donde se hallan escritos elimina cualquier duda. Se trata de un bassetto en fa y de un clarinete bajo en si bemol. Por similitud, podría sugerirse el uso de un clarinete alto en mi bemol sustituyendo al bassetto, caso de no tener acceso a este último.

[Corno basso] La utilización de este instrumento ya en desuso es muy peculiar, y supone el caso más controvertido. Se trata del instrumento conocido como Bombardon, (o un serpentón provisto de llaves) nombre asociado más a la posición como bajo dentro de la familia de los vientos que a un instrumento individual, ya que a pesar de ser originalmente un instrumento de metal con pistones horizontales y de tubo estrecho, derivó en invenciones como el oficleido, sustituido en las bandas por la tuba baja y/o por el helicón. Tratándose de una obra de concierto (en la que no hay que ir marchando) y atendiendo a la idea del oficleido, mi propuesta en esta re-instrumentación parcial de la obra ha sido el uso del contrafagot. La tesitura y lo complementario del timbre en los pasajes que este instrumento es utilizado en la obra me parece la elección más pertinente.

[Cornetti I, II (B)] Posibilidad de sustituirse por dos fliscornos.

[Corni] Aunque dice en la partitura que corno I muta in F, también lo hace corno II.

[Bassi I, II] Tubas

[Tamburo] A menudo interpretado como caja clara, mi propuesta es la de tambor militar, de sonido más grave que la anterior. La parte incluye un pasaje atribuido a los platos en la primera edición.

 © José Luis Estellés

Entrevista en la revista AHAIRE

Entrevista a José Luis Estellés en Febrero de 2008 publicada en la revista Ahaire del Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene. Realizada por Yanyi Gil.

Entrevista en la revista VIENTO

Entrevista a José Luis Estellés en Marzo de 2006 publicada en la revista “Viento”. Realizada por Manuel Fernández.

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