Acerca del nuevo CD ‘Naturaleza humana’, monográfico de Juan J. Colomer

JUAN J. COLOMER: MÚSICA ESPAÑOLA EN EL PACÍFICO

El compositor Juan J. Colomer (Alzira, 1966) nos ha dejado un auténtico legado con este conjunto de obras para instrumentos de metal solista con orquesta. Dentro de este particular género, y entre las escritas en esta primera mitad del siglo XXI, cada una de ellas está llamada a formar parte del escogido puñado de conciertos que cualquier amante de la música en el mundo podría tener como favoritos. Como ha venido sucediendo a lo largo de la historia con el devenir de toda la literatura instrumental, el contacto humano y profesional del compositor con los mejores intérpretes contemporáneos también contribuye a la creación y consolidación de este repertorio, así que una vez escritas y estrenadas las obras, existía el razonable y justo compromiso con la historia de nuestra música de reunir a todos los actores originales en pos de este registro discográfico.

Tratar de expresar con palabras aquello que representa una música tan elocuente como la de Juan J. Colomer es un reto similar al de entender, aún de manera somera, toda la pujanza que un artista con su experiencia vital puede manifestar a través de una obra cuando coexisten trabajo serio, genio inconformista y suficientes trayectos de ida y vuelta como para conocer bien el camino. Juan J. Colomer no rehúye a ninguno de los rincones del alma en su música, sobrevolándolos desde su especial perspectiva como veremos en estas tres obras cuyos originales y sugerentes títulos son meras cortinas que esconden un magnífico discurso instrumental. Pero hagamos antes un poco de historia…

Uno entiende, a la postre, que este proyecto de grabación quizá empezó a gestarse en los años ochenta del pasado siglo, cuando tanto el compositor como los intérpretes, entonces estudiantes, frecuentábamos dos instituciones que nos dieron un impulso común: el Conservatorio Superior de Música de Valencia y la recién creada Joven Orquesta Nacional de España. En mi caso, la amistad y el contacto profesional había continuado con los solistas de muy diversas formas a lo largo de estos años, pero en lo que se refiere a Juan J. Colomer tan solo había podido seguir su trayectoria en la distancia desde que se trasladara a Boston en 1990 y poco después, en 1992, se instalase en Los Ángeles.

Fue Luis González quien realmente me convenció y me confió la idea que debería plasmar este ‘regalo musical’ por parte de los intérpretes a los que Juan J. Colomer había dedicado sus conciertos. Desde un primer momento me cautivó la bonita misión de unir las piezas de este proyecto, que nos ha juntado tantos años más tarde, y que da a conocer en nuestro país e internacionalmente de manera conjunta tres de las obras más significativas de este magnífico compositor con brillante pasado como instrumentista. Los elementos estaban dispuestos: asumí la dirección musical con la garantía de conocer a todos los solistas, y lo hice de forma mucho más decidida una vez pude constatar el calibre de las partituras recibidas. La incorporación al proyecto de la Orquesta Ciudad de Granada no hizo sino añadir calidad y, en cierta forma, cerrar el círculo amistoso y emotivo por la relación y estima que todos los intérpretes hemos desarrollado con esta destacada institución musical desde que fuera creada en 1991.

Ha sido en el transcurso de la preparación de esta grabación cuando he tomado conciencia de la enorme trayectoria de Juan J. Colomer como compositor y orquestador: ha trabajado con artistas como James Levine, Plácido Domingo, Christian Lindberg, Vjekoslav Sutej, José Carreras y orquestas como la Wiener Symphoniker [Sinfónica de Viena], San Francisco Symphony [Sinfónica de San Francisco], Orchestre de Paris [Orquesta de París], Orquesta de Jóvenes Simón Bolívar, Orchestra e Coro della Arena di Verona [Orquesta y Coro de La Arena de Verona], Orquesta de Castilla y León, Orquesta y Coro de RTVE, Orquesta de la Comunitat Valenciana –Les Arts– y muchas otras desde Tokio hasta Chicago pasando por Suráfrica, Pekín, Washington, São Paulo, Las Vegas, Seúl, etc. Ha recibido encargos por parte del Congreso Internacional de Trompas, Orquesta Nacional de España, Centro para la Difusión de la Música Contemporánea [CDMC], Concurso Internacional Philip Jones –Guebwiller, Francia–, Instituto Valenciano de la Música, Fundación Autor, Auditori de Barcelona y Spanish Brass.

Si bien el contenido de este CD es música sinfónica pura, Juan J. Colomer ha consumado una labor de amplio espectro en la composición musical, desarrollándose también en el terreno de la música cinematográfica, la música alternativa y como arreglista-orquestador. Tras sus estudios en Berklee College of Music –Boston– empieza a componer música para documentales y se traslada a Los Ángeles donde continúa componiendo bandas sonoras para películas que obtienen diversos premios internacionales, incluido un primer premio en Montecarlo y una nominación a un Ariel en México –equivalente a los Goya en España–. En total tiene en su haber más de una treintena de películas. En 1999 Colomer publica un CD de pop-rock alternativo titulado Reina en prisión que, comercializado bajo el nombre “Bella y Oscura”, contiene temas compuestos y producidos por él. Algunos de estos temas han sido utilizados en diferentes películas independientes en Estados Unidos. En 2004 fue nominado a la mejor banda sonora en el Festival Shockerfest de California, por su trabajo en la película The Crimson Hour.

Además de esto ha trabajado como arreglista y orquestador para diversos proyectos y artistas como Juan Carlos Calderón, Bebu Silvetti, Alejandro Fernández, Alex Acuña, Neil Stevenhaus y Vinnie Colaiutta. De 2001 a 2003 es columnista de la revista Al borde, que se ocupa de la actualidad de la música alter- nativa y rock en español de Los Ángeles y, además, ha sido invitado como profesor de Música para películas en el prestigioso Art Center College of Design de Pasadena, California.

Cuando conversas con Juan J. Colomer resulta muy evidente su capacidad comunicativa y energía organizadora: prueba de ello es que es el fundador de Artistic Soirées, una serie de conciertos y colaboraciones artísticas donde, una vez al mes, el compositor abre las puertas de su loft en Los Ángeles para que el público pueda disfrutar de lo mejor de la escena cultural de la ciudad californiana. Asimismo es el creador, junto con el director Ignazio Terrasi, del La Grand Ensemble, del cual es su director general. Este conjunto está formado por músicos de las orquestas e instituciones más prestigiosas de Los Ángeles, y su propósito es el de interactuar con otras disciplinas como diseño de escenario, iluminación, vestuario, proyecciones de video y nuevas tecnologías, con el fin de involucrar al espectador visualmente, al tiempo que trata de situar la música en el contexto en el que fue escrita.

En el terreno puramente clásico ha recibido galardones como la nominación, en 2003 y 2004, de su pieza Raíces a los Premios Euterpe por la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana como Mejor Obra Sinfónica. En 2008 el CD Pasión española de Plácido Domingo, con orquestaciones de Colomer, obtuvo el Latin Grammy al Mejor Álbum Clásico y en 2013 se estrenó en Madrid su ballet Sorolla, encargado por el Ballet Nacional de España.

Juan J. Colomer ha demostrado tener la virtud, el oficio y capacidad de separar géneros cuando se dedica a la composición, y su producción tanto camerística como sinfónica ha tomado cuerpo en esta última década. Obviamente, también se observa en sus composiciones una gran influencia de su formación como instrumentista: aparte de su título de Composición también obtuvo el título superior de Trompeta y fue miembro fundador de la Joven Orquesta Nacional de España. Esta natural relación con los instrumentos de metal –y con los intérpretes– ha originado el nacimiento de las tres obras de este CD: Viñetas Sinfónicas, escrita en 2001 para Luis González, y Naturaleza humana y La devota lasciva, escritas en 2004 para Javier Bonet y Spanish Brass Luur Metalls respectivamente.

VIÑETAS SINFÓNICAS

Dicen que, en literatura o cine, la “opera prima” del artista suele recoger más apuntes autobiográficos que ninguna otra posterior. Si hubiera que establecer una comparación musical con esta afirmación podríamos decir que, dentro de este álbum, Viñetas Sinfónicas presenta rasgos suficientes como merecer esa consideración. En ella se cumple el principio de Colomer, mediante el cual una idea es tan solo un punto de partida, que a veces se diluye o incluso desaparece a medida que la obra va tomando forma y habla por sí misma.

Viñetas Sinfónicas fue encargada por el propio solista a quien está dedicada, el trompetista Luis González, quien la estrenó en 2003 en el Auditorio Nacional de Música junto a la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Esta composición emana una frescura que conmueve, uno no sabe bien si por el nada previsible desarrollo formal de su ‘neoclásico’ inicio, el natural virtuosismo y finura de la parte solista, el uso idiomático de las cuerdas –auténtico sostén del solista a lo largo de la obra– o las texturas y solos asignados a los vientos y a la percusión, en diálogo constante con todas las partes. Durante todo su primer movimiento –“moderato”– las notas del solista son siempre rendijas entre las que se cuela una delicada luminosidad. Una vigorosa mutación del tema inicial desemboca en una cadencia que mediante la lucha entre lo calmo y lo acentuado –podríamos decir “trompeta clásica” versus “trompeta jazz”– origina un tenso pasaje en el que los diversos bloques sonoros de la orquesta se contraponen hasta liberar el momento más lírico del solista. El efímero recuerdo del tema inicial en la lira precede a una fuga que nos conduce hasta el brillante final.

El segundo movimiento se desenvuelve inicialmente en una atmósfera de “blues”. Esta es una característica de Viñetas Sinfónicas, que siempre avanza echando miradas sobre los diferentes sonidos de la trompeta a través de la historia. Amplios pasajes, teñidos por un barniz entre evocador y enigmático cubren la mayor parte de este “andante”, que finaliza con el solista acompañando a la orquesta, como si adquiriera una mirada distante que invita al recogimiento.

En el tercer movimiento –“molto allegro”– todo sucede vertiginosamente: rítmicas explosiones melódicas en “cluster” de las cuerdas, discurso obsesivo en la trompeta, e hilarante y cariñoso desfile de guiños al repertorio de este instrumento que incluye desde pasajes reminiscentes del más fino L. Bernstein hasta motivos que rinden pleitesía al celebérrimo Concierto de J. N. Hummel. El título de la obra se entiende completamente cuando se ha finalizado la audición de la obra, un verdadero homenaje a la trompeta por parte de alguien que la entiende y la siente como propia.

NATURALEZA HUMANA

La obra Naturaleza Humana fue un encargo de la International Horn Society que contó con la ayuda del Instituto Valenciano de la Música. Está dedicada a Javier Bonet, que fue el protagonista de su estreno durante el Congreso Internacional que la mencionada sociedad celebró en Valencia en 2004. Está compuesta para trompa solista, coro de trompas y orquesta, pudiéndose ampliar el coro de trompas hasta ocho componentes.

El título, una vez más, parece encerrar cuantas sugerencias se encadenan a lo largo de la obra. Algo en cierta forma indescifrable va fluyendo durante los tres movimientos; quizá sea el propio talento del compositor para conciliar en esta partitura el extremo virtuosismo de la parte solista con una masa orquestal que combina secciones de generosa ternura con fricciones que parecen asolar la masa tectónica. El propio Javier Bonet me explicó que el legendario trompista Hermann Baumann, presente en aquel estreno, comentó tras el mismo que quizá fuera este el mejor concierto para trompa que se había compuesto en las últimas décadas.

El primer movimiento, “Febril”, se inicia con suaves pero intrigantes “cluster” del coro de trompas que interrumpen verticalmente una melodía de la trompa y de las cuerdas hasta que ésta consigue abrirse paso. Existe un tempo movido que podríamos considerar genérico, pero es la amplia y bellísima sección melódica central, que ocupa unos ochenta compases y usa el coro de trompas como base armónica para que la trompa solista se exprese en su medio, el verdadero corazón de este movimiento. Aquí podemos apreciar la hondura de la naturaleza humana, una búsqueda constante e inquebrantable para quizá avanzar en la desesperanza, quizá encontrar la luz y sobrevolarla.

En el segundo movimiento, titulado “Vacío”, Colomer nos lleva a través de la ambigüedad sonora que provoca la distorsión de la armonía mediante un uso continuado de los cuartos de tono, como si la posibilidad de belleza cohabitara o incluso residiera en cada registro de la existencia.

El tercer movimiento recibe el nombre de “Exorcismo” y es un constante conjuro en el que la trompa solista reta sin descanso a la orquesta en un verdadero alarde, no vacío por más virtuoso. Enmarcado –introducción y coda– por una fanfarria en la que los metales muestran el bronce más que en ningún otro momento, la música discurre principalmente mediante lo que podríamos denominar un “scherzo diabólico”.

LA DEVOTA LASCIVA

La devota lasciva es un concierto para quinteto de metales y orquesta escrito en 2004 y dedicado a Spanish Brass Luur Metalls, el grupo que más ha interactuado con Juan J. Colomer a lo largo de estos años, promoviendo también la composición de otras obras para la formación. Fue estrenada por SBLM en 2004 junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

A pesar de lo original del título, el compositor indica que este no corresponde a ninguna idea programática. La disposición de sus tres movimientos se asemeja a la estructura de un concierto clásico, incorporando una cadencia al final del primero y un movimiento lento central. Asimismo, la elección de algunos motivos y técnicas propias de los siglos XVII y XVIII se extrapolan y transforman gracias a la utilización de armonías alteradas y mutaciones rítmicas que sin duda ayudan a favorecer un medio de expresión para el quinteto de metales contemporáneo. De alguna forma, la pieza ignora la tonalidad a pesar de que la utiliza, disuelve su forma sin caer en lo abstracto.

En su primer movimiento, “Deambular”, tanto la orquesta como el quinteto solista funcionan como entidades propias que se interrelacionan, preguntan y contestan hasta que el quinteto queda a solas en una cadencia que parece improvisada.

“Descubrir” está escrito a modo de “passacaglia”. Es serio, profundo, con un bajo que puntúa obstinadamente a una carnosa melodía que busca y busca, un corazón con pulso robusto que finalizará como el fuelle de un acordeón un tanto desvencijado. Es el quinteto en su cenit coral.

“Destapar”, el tercer movimiento, se inicia como un “minueto” –con las ya aludidas alteraciones y mutaciones– que va gradualmente perdiendo su identidad a medida que se desarrolla. Esto actúa en favor de un mayor virtuosismo en el quinteto y en la orquesta, que finalmente unen todos los motivos en el “presto” final tras un emotivo y denso crescendo.

En definitiva, un conjunto de ideas musicales que configuran un valioso documento, en sintonía tanto con los valores históricos del repertorio para grupo de metales como con la difícilmente definible etiqueta estética contemporánea de la música de Juan J. Colomer. Su genuina humildad y originalidad artística provoca una gratitud incondicional a todos aquellos que hemos tenido el placer de conocerle e interpretar su música.

© JOSÉ LUIS ESTELLÉS 2014